Carlos Andrés Peñas

Coordinador Pedagógico de “CRECER” del Gimnasio Infantil Las Villas (Bogotá).

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¿Cómo es la gestión curricular en las escuelas efectivas?

En este texto abordo una reflexión sobre el proceso de gestión curricular en una escuela efectiva. Inicialmente presento una reflexión sobre los rasgos de una escuela efectiva y el lugar que ocupa el currículo en su quehacer institucional. En la segunda parte propongo cinco factores clave de éxito (1. Sentido; 2. Diseño; 3. Desarrollo; 4. Coherencia; 5. Adhesión) por medio una serie de preguntas-estrategias para promover la puesta en marcha de un currículo orientado a la participación comunitaria y la búsqueda de las mejores oportunidades para aportar a la construcción del proyecto de vida de los educandos.

Sobre las escuelas efectivas. Primero dejemos claro lo siguiente: una escuela efectiva es más que pruebas Saber (ICFES, s. f.), PISA (OCDE, 2009), un certificado de calidad, infraestructura de lujo o aulas digitales de última generación. Las escuelas efectivas también buscan confort, necesitan dotación y propenden por alcanzar buenos resultados, pero su rasgo distintivo es que entienden ¿quién es su comunidad educativa y quiénes son las partes interesadas (sociedad, Estado, gremios, etc.)?, además, ¿saben qué anhelan y necesitan?, y, especialmente, son capaces de convertir esas preguntas en transformaciones sostenibles (Revista Vinculando, 2010).

Cuando de gestión curricular se trata, una escuela efectiva piensa comunitaria y estratégicamente ¿cómo construir y poner en marcha un currículo para educar al niño, niña y joven que cada estudiante es, anhela ser y la sociedad necesita? Esas escuelas se ubican en las grandes ciudades y el campo, en los barrios vulnerables y los lugares exclusivos, son los establecimientos educativos que tienen claro para qué educan y cuál es el tipo de educando que forman y las prácticas educativas que lo hacen posible.

Lo contrario, cuando reducimos el concepto efectivo solo a alcanzar altos resultados en evaluaciones estatales, por ejemplo, declinan en currículos hechos a la medida de los exámenes nacionales o prácticas inadecuadas como aplicar frenéticamente evaluaciones (elaboradas o compradas) intentando mejorar la posición en los rankings sociales.

¿Cómo es el currículo de una escuela efectiva?

Vamos a profundizar en los rasgos curriculares de una escuela efectiva por medio de las siguientes pistas conceptuales, a saber:

  • El currículo, de acuerdo a Gimeno Sacristán (2010), es un puente entre la realidad social, cultural, política, económica y ambiental en donde está inscrita temporal y espacialmente la escuela, y las necesidades y expectativas de la comunidad educativa que la conforman. El currículo debería establecer un canal de interacción cultural entre el individuo y la realidad que está más allá de los muros escolares.

    Así es el currículo de una escuela efectiva: es pertinente y coherente con su realidad. Comprende ¿quién es su estudiante y cuáles son los desafíos históricos y sociales que deben afrontar? Logra educar acorde a la época y el lugar, así como a los desafíos del microcontexto (la comunidad), mesocontexto (su región y país) y el macrocontexto (la humanidad).

  • Siguiendo al Ministerio de Educación Nacional de Colombia (s. f.) y la perspectiva de Posner (2005), el currículo de una escuela efectiva es claro y operacional, está documentado y sirve como punto de referencia para orientar las acciones de la comunidad educativa en materia de las metas de aprendizaje y los caminos para la enseñanza.

    Pero una escuela efectiva va más allá de las letras, cuando un maestro tiene dificultades para encontrar el rumbo se basa en el currículo operacional para trazar su plan de trabajo. Pero también da la posibilidad de crear y modificar conforme con la experiencia y las particularidades del proceso del aula. Es decir, la escuela efectiva sabe que las prácticas escolares no son el reflejo de un espejo llamado currículo formal: puesto que entiende que el currículo es una reflexión emergente.

  • Finalmente el currículo es integrador y dota de sentido a las grandes acciones y las pequeñas labores. Siguiendo a Hilda Taba (1962), «(…) cada elemento del currículo adquiere significado (…) con referencia a los demás elementos y gracias a su ubicación» (p. 12). Es decir, las escuelas efectivas son capaces de alinear todo lo que hacen para que una celebración escolar, la cartelera del patio, la clase de lenguaje, cada detalle esté conectado a un propósito mayor:

    En conclusión, una escuela efectiva cuenta con un currículo: a. Conectado con la realidad e interactivo entre los individuos y los desafíos que los rodean; b. Es formal y operativamente aplicable por medio de una serie de instrucciones y recomendaciones; c. Da sentido a todo el quehacer institucional y va más allá de lo instruccional, puesto que se instala en la dinámica comunitaria y todos los espacios formativos.

Ahora vamos a analizar ¿cómo se gestiona el currículo en las escuelas efectivas?

Gestión curricular, cinco factores.

Para que las escuelas efectivas puedan cristalizar sus currículos necesitan gestionar cinco factores clave de éxito: 1. Sentido curricular; 2. Diseño curricular; 3. Desarrollo curricular; 4. Coherencia curricular; 5. Adhesión comunitaria al currículo.

Estos factores no son objetos en sí mismos, son una serie de tareas que realizan las comunidades educativas para que puedan planear, diseñar, aplicar, evaluar y asegurar la efectividad del currículo. Es decir, que tengan la capacidad de soñar el tipo de educación que anhelan y necesitan sus estudiantes, pero logren operativa y funcionalmente llevar esto a la realidad: siendo coherentes y pertinentes con el contexto.

1. Sentido curricular: primero lo primero

Volviendo a Taba (1962), recuerden que el currículo debe estar pensado para un fin mayor. Así que debe estar claro ¿cuál es ese fin? Parece una tarea menor, pero en la práctica es la diferencia entre el caos, el sin sentido y la indiferencia. ¿Por qué? Porque todos sabemos que es mejor educarnos que no hacerlo, pero los estudiantes de hoy no se tragan el cuento de educarnos para ser alguien en la vida; la educación básica y media a veces se pierde en el sin sentido y se convierte en un preescolar extendido mientras los estudiantes van a la universidad o se ocupan laboralmente.

Por esto una escuela efectiva tiene la capacidad de contestar con claridad y comunitariamente las preguntas sobre el sentido de la educación (ver Tabla N.o 1). Reitero, comunitariamente, el directivo, los niños y niñas, familias, sin importar su nivel cultural, y a su manera, tienen respuestas comunes frente a los siguientes interrogantes:

2. Diseño curricular: de los sueños a las ideas concretas

Aquí es donde la escuela efectiva marca la diferencia. Reflexiona, piensa, convoca y busca acuerdos, pero logra hacer algo adicional: concreta. Si, así de simple, concreta. Desde el sentido curricular, establece el currículo operacional (ver Tabla N.o 2) con el propósito de trazar directrices que orientan el trabajo pedagógico y la participación de la comunidad. Pero una escuela efectiva sabe que la falta de instrucción puede redundar en la automatización de los sujetos por la meta, pero el exceso de direccionamiento lleva a un azar donde cualquier cosa es válida bajo la bandera de la autonomía y la flexibilidad.

3. Desarrollo curricular: de las ideas concretas a las acciones

El desarrollo curricular, siguiendo a la OEI, es «un conjunto de prácticas orientadas a introducir cambios planificados en busca de mejores logros» (s. f. en Internet). Así que una escuela efectiva sabe que la gestión del currículo no termina en una lista de contenidos, en su lugar se embarca en resolver algo más complejo: ¿cómo llevar el currículo al aula?

4. Coherencia curricular (¿Sentido = Diseño = Desarrollo?)

Las escuelas efectivas analizan si el currículo es coherente. Si el sentido (los sueños), el diseño (lo planificado) y el desarrollo (lo ejecutado) fueron consecuentes y pertinentes entre sí. Para tal propósito una escuela efectiva verifica si existe trazabilidad en todo el proceso educativo (ver Gráfica N.o 3). Cuando los resultados muestran que hubo linealidad entre el sentido, diseño y desarrollo la conclusión es que hay una alta coherencia interna en el currículo. En el caso contrario no se etiqueta como un error, sino que se establece qué tipo de correcciones, prevenciones y oportunidades de mejora surgieron al ponerlo en marcha: un ciclo de fortalecimiento continuo.

5. Adhesión comunitaria al currículo

Pero el currículo es un bien inmaterial que conecta a la cultura con los imaginarios de los individuos. Lo tangible son las personas de la comunidad educativa. Y la escuela efectiva tiene clara esta perspectiva y por esto busca informar, formar y comunicar el currículo institucional con cada sector de la comunidad.

Informar, puesto que la escuela efectiva desarrolla diferentes estrategias de divulgación para que la comunidad acceda al currículo. Emprenden grandes esfuerzos para hacer comprensibles los fines de la educación y que la comunidad los adopte y asimile desde sus roles y cualidades. Desde la formación se busca que existan espacios de aprendizaje situado para que cada parte de la comunidad comprenda cuáles son las metas, el camino para lograrlo, los desafíos y las responsabilidades. En el marco de la comunicación la comunidad educativa abre espacios de realimentación donde todos actúan como emisores-receptores desde sus representaciones y experiencias de vida (Kaplún, 1998); comunicar es acceder y producir significados comunes sobre lo que piensan y perciben de la puesta en marcha del currículo institucional.

Conclusión

Para terminar esta reflexión sobre la gestión del currículo en las escuelas efectivas, quiero compartir las siguientes palabras de William Pinar:

"El currículo actual se halla secuestrado por la enseñanza; esto quiere decir que se siguen priorizando los objetivos, las competencias, la evaluación y los resultados de nuestros estudiantes; y el profesorado es concebido por los otros como el responsable del desarrollo de los mismos, donde el currículo es igual a aprendizaje, que a su vez es igual a la evaluación expresada en resultados cuantitativos. De este modo, muchas escuelas no tienen en cuenta el proceso de aprendizaje que lleva a cabo su alumnado; sino que dicho proceso queda enmarcado en un currículo escolar que simplemente se limita a preparar a sus estudiantes para aprobar los exámenes estandarizados con base en los contenidos tratados, excluyendo, de alguna forma, la iniciativa, la innovación, la originalidad, la creatividad, la autoformación, la autobiografía y las reflexiones críticas de los sujetos". (Pinar, W. 2014, p. 45).

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