Algunas notas sobre habilidades de comunicación digital

En Twitter, con ocasión del Día Internacional de los Docentes, ha aparecido citada como una de las frases más repetidas por los profesores la siguiente:

El tópico da por descontada la presencia entre el alumnado de expertos que de inmediato ponen en funcionamiento el proyector. Basada en una interpretación extensiva de las teorías expuestas en 2001 por Marc Prensky en su ensayo «Digital natives, digital inmigrants» 1 , la imagen de las personas jóvenes para quienes el manejo de los dispositivos digitales no presenta problema alguno, ha hecho fortuna.

El tópico no se corresponde con la realidad. Resulta ilustrativo el caso del niño de 12 años de Torrevieja (Alicante, España) al que Google reclamó en fecha reciente una deuda de 100.000 euros por publicitar su canal de YouTube. El niño creía haber hecho justamente lo contrario, esto es, que había contratado un servicio mediante el que Google le pagaría por las visitas que generasen los vídeos que elaboraba 2 . Cualquier tarea orientada a fomentar las habilidades de comunicación digital de los y las jóvenes debería tener en consideración algunas ideas previas: Internet es una plaza pública, en la que cualquier actividad quedará registrada.

En el terreno de la comunicación digital, no existen el anonimato ni el secreto. Búsquedas, mensajes, fotografías, el propio dispositivo utilizado: todo deja una huella que resulta muy difícil de borrar. Cuando decimos que hemos escrito o visto determinado contenido «en Internet», lo que hemos hecho en realidad ha sido utilizar los servicios “gratuitos” que determinadas empresas ofrecen por medio de Internet.

Los servicios de comunicación que utilizamos en Internet son gratuitos porque las personas usuarias acceden, al aceptar las condiciones de uso, a que las empresas utilicen sus datos para obtener un beneficio, mediante la venta a terceros de información sobre la actividad que registran.

La comercialización de los datos de sus usuarios no es ninguna actividad clandestina ni encubierta: quienes acceden a los servicios ofrecidos por Google, Facebook, WhatsApp, Instagram, etc., deben aceptar previamente determinados términos de uso que incluyen esa condición. Pero una mayoría de las personas usuarias (y, por supuesto, los y las menores de edad) aceptan tales términos sin leerlos. Muchas personas jóvenes se equivocan cuando estiman que los datos que suben a Internet poseen nulo valor, que solo les interesan a ellas y que su difusión no puede acarrearles consecuencias de importancia en un futuro.

Ya han surgido iniciativas encaminadas a poner remedio a esta situación. La página TOSDR (por «Terms Of Service; Didn’t Read») se propone combatir «la mayor mentira de la Web» mediante el análisis y evaluación de las condiciones de uso propuestas por las distintas empresas 3 .

El Consejo Noruego del Consumidor organizó el pasado mes de mayo en Oslo un maratón de lectura —similar a los que cada año se celebran en España para conmemorar el Día del Libro y durante los que se lee en voz alta el Quijote. En lugar de capítulos de la obra de Cervantes se leyeron los términos y condiciones de 33 aplicaciones, escogidas entre las más populares en Internet: un total de 900 páginas, cuya lectura en voz alta se extendió durante casi 32 horas 4 .

Cuando hablamos de personas jóvenes y habilidades de comunicación digital, de inmediato pensamos en las redes sociales. Conviene poner nombre a las cosas: en estos momentos, Facebook, Instagram, YouTube, SnapChat y Twitter parecen haberse impuesto como las más utilizadas. Por tanto, no estaremos tratando en la mayor parte de las ocasiones de «redes sociales», en general, sino de unas empresas concretas.

Pese a las llamadas de atención sobre los efectos negativos que un continuo acceso a Internet puede tener sobre la socialización de los jóvenes, estudios como el llevado a cabo por Amanda Lenhart, del Pew Research Center, en 2012, no observaron que el uso de Internet contribuyera a aislar a los adolescentes de la relación directa con sus compañeros: «quienes envían más mensajes son los mismos que hablan más con sus compañeros» 5 .

Danah Boyd, autora de It’s complicated, un libro en el que repasa distintos temores de las personas adultas frente al mundo adolescente, cree que los y las menores «hoy tienen menos libertad para moverse por su cuenta que cualquiera de las generaciones anteriores» 6 . De modo que cabría atribuir en parte a esta circunstancia el éxito de las redes sociales, que permiten a los jóvenes relacionarse con sus amigos y compañeros sin abandonar sus propios domicilios.

Las redes sociales han sido descritas como “un patio de vecinos cotillas” 7 . «El estado de WhatsApp es el nuevo balcón de casa, y las redes sociales, el nuevo vecindario» 8 .

Las redes sociales desempeñan para los y las adolescentes una función similar a la del “patio de vecinos y vecinas” adulto: podríamos considerarlas como un enorme patio de recreo cuya dinámica los posibles mediadores adultos no comprenden aún muy bien y en el que las normas de convivencia aún se están estableciendo.

Si unos alumnos y alumnas discuten durante el tiempo de recreo, es muy probable que el incidente se olvide al cabo de poco tiempo, y que los protagonistas reanuden sin mayores consecuencias la relación que mantenían antes del altercado. Los propios compañeros y compañeras que presenciaron la discusión es probable que no tengan interés especial en recordarla. Pero en una red social el conflicto adquiere una dimensión distinta.

Podemos ilustrar lo anterior mediante un incidente real ocurrido en los Estados Unidos. Cierta alumna de un centro de enseñanza media inicia de forma anónima en la red social Facebook una página dedicada al cotilleo. Divulga rumores sin particular importancia, del tipo quién sale con quién, y reúne un cierto número de seguidores.

La creadora de la página sube las fotografías de dos compañeros y anima a sus seguidores a votar: «¿Cuál de los dos creéis que ganaría en una pelea?» La cuestión sube de tono y desemboca en un enfrentamiento real entre los involuntarios protagonistas. La existencia de la página trasciende, las familias presentan quejas en el centro y los servicios sociales se movilizan. Siguiendo el protocolo establecido por la red social para este tipo de incidentes, dos funcionarios municipales se dirigen a Facebook a fin de que retire la página. Pasa el tiempo y no obtienen respuesta alguna.

La periodista Emily Bazelon decidió investigar el asunto y publicó un reportaje en el que describe lo que vio en los servicios centrales de Facebook y recoge la opinión de profesionales interesados en la prevención de este tipo de conflictos. Su trabajo nos permite concluir que la red social se encuentra desbordada para atender las reclamaciones que le llegan a diario; el personal destinado a este cometido debe ajustarse a unas especificaciones rigurosas que limitan el tiempo que pueden dedicar a cada caso. La solución que se apunta como más viable es la creación de un algoritmo capaz de valorar la intención de los textos, algo que por ahora parece una meta lejana, pese a los avances que un equipo dirigido por Henry Liebermann en el MIT ha efectuado en esta dirección 9 .

Más de una vez hemos podido leer en la prensa lamentaciones sobre los efectos perjudiciales para la escritura de las redes sociales y los servicios de mensajería, por el abuso de abreviaturas y ortografía dudosa en los mensajes de texto que los adolescentes envían por Internet. Incluso se ha señalado a propósito de Twitter que «a más faltas graves de ortografía, mayor desempleo» 10. La lingüista Naomi Baron cree que se trata de una fase transitoria: «con el tiempo, empiezan a escribir frases de mayor corrección gramatical, porque (…) quieren parecer mayores, y saben cómo se espera que escriba una persona adulta» 11. El propio José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española, ha rechazado tales aprensiones: «los manuscritos medievales están llenos de abreviaturas y la lengua ha sobrevivido sin sobresaltos desde entonces» 12.

Las redes sociales, por otra parte, han contribuido en el ámbito de lengua inglesa a estimular la afición por la escritura, y cabe suponer que, con el tiempo, obrarán un efecto similar entre los hispanohablantes. Novelas que surgieron en Internet han pasado a las librerías con gran éxito, como las Cincuenta sombras de Grey (2011) de la autora británica E. L. James o After (2013), de la estadounidense Anna Todd, ambas iniciadas en páginas web: FanFiction y WattPad.

Otro ejemplo podría ser el de la canadiense Sara Gruen: redactó su novela Agua para elefantes (2006) con ocasión de su participación en Na- NoWriMo (National Novel Writing Month), un certamen anual en la red que exige la redacción de una obra de ficción de una extensión de 50.000 palabras en el plazo de un mes, sin más recompensa que la satisfacción de los propios autores por haber completado su trabajo 13.

A menudo se insiste en la importancia de que el alumnado utilice Internet como una herramienta mediante la que buscar y recopilar información sobre determinados temas; ya sea por interés personal o para la realización de tareas escolares. En este punto recordaremos lo ya dicho antes: las búsquedas en Internet se realizan a través de servicios o «buscadores» ofrecidos por empresas privadas (Wikipedia es un caso aparte) entre las que Google ocupa una posición dominante; con el fin de comercializarlos y obtener un beneficio económico, estos buscadores registran una serie de datos referentes al objeto de la búsqueda, el lugar desde el que se efectúa, idioma, tiempo empleado, etc. (únicamente DuckDuckGo se publicita como «el buscador que no te rastrea»).

Internet como una herramienta mediante la que buscar y recopilar información.

Debemos considerar asimismo que los principales buscadores pertenecen a empresas norteamericanas y (a) favorecen, por tanto, la presentación de resultados en lengua inglesa, en tanto que actualmente el español se caracteriza en Internet como un «espacio lingüístico consumidor (…) con notables carencias en contenidos» 14; (b) no olvidemos que empresas y entidades contratan con los buscadores para que sus páginas web encabecen los resultados de las búsquedas relacionadas con su actividad.

Los buscadores a menudo devuelven un enorme volumen de información, entre la cual es preciso discriminar la que resulta pertinente. Muchos usuarios no suelen pasar de la primera página de los resultados ofrecidos: debemos animar a los y las jóvenes para que no renuncien a revisar los contenidos que pueden aparecer en páginas posteriores.

En las redes sociales, el 70% de las víctimas de ciberacoso son chicas.

Las nuevas tecnologías han multiplicado las posibilidades de copiar y modificar cualquier documento, y conviene insistir al alumnado para que tenga en cuenta esta circunstancia a la hora de efectuar cualquier búsqueda en Internet. Es posible que el buscador devuelva miles de resultados: pero muchos de ellos se limitarán a reproducir, abreviado o con ligeras modificaciones, el contenido de otras páginas.

Nos gustaría concluir estas notas con algunas observaciones acerca del género. Resulta lamentable que aún hoy podamos leer en la prensa titulares que recomiendan: «Cómo progresar en Silicon Valley: que no se sepa que eres mujer» 15. El autor de un comentario incluido por el Wall Street Journal en su sección «The Experts», recomienda a las profesionales de la tecnología que en sus comunicaciones digitales utilicen tan solo sus iniciales o adopten un nombre que no revele su sexo, para incrementar sus posibilidades de obtener un puesto de trabajo.

En las redes sociales, el 70% de las víctimas de ciberacoso son chicas 16. Este es uno de los fenómenos que reflejan la desigualdad social aún existente entre hombres y mujeres. Cuando silenciamos la identidad de las mujeres y las chicas en la comunicación digital, les negamos su voz. Y no queremos perder de vista uno de nuestros objetivos en el desarrollo de las habilidades de comunicación digital: que las personas jóvenes puedan acceder a la comunicación digital como un medio más de expresión que les facilite el desarrollo de su personalidad y el logro de sus aspiraciones.

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