¡Quiero que mi colegio perdure en el siglo XXI!

Análisis de factores que interfieren en la sostenibilidad de los colegios privados

Introducción

Muchas veces las alusiones al siglo XXI tienen como propósito despertar el espíritu de la modernización para una época distante, algo que pasará. Sin embargo, el siglo XXI no vendrá: ¡ya está aquí! Así que en este artículo no abordaré vaticinios sobre el futuro, sino que vamos a analizar cuáles son los riesgos que vulneran la sostenibilidad de nuestros colegios en el presente.

Quiero que exploremos formas sistemáticas de evaluar y leer cuatro indicadores clave para gestionar el riesgo: cobertura, calidad, efectividad y bienestar. En suma, lo que haremos será cuestionarnos para que pensemos y gestionemos alternativas que nos ayuden a perdurar en el tiempo.

Cambios en las escuelas del siglo XXI

De esto se ha dicho mucho. Pero aquí vamos a cen-trarnos estrictamente en los efectos de los cambios en la sostenibilidad de los colegios privados.

Hay menos niños. Si bien aumentó la población global, antagónicamente disminuyó la tasa de embarazos y por ende el número de estudiantes potenciales. Los colegios privados que queramos perdurar en el siglo XXI debemos tener presente la contracción en la tasa de natalidad que, según el Ministerio de Salud de Colombia (2013), en pro-medio está en 1,8 niños por familia, de los cuales 1,5 son de áreas urbanas y 2,3 del área rural; además prevén una contracción cercana al 1,2 para el futuro mediato (ver Gráfica 1).

Las familias numerosas del siglo XXI son escasas. Los adultos jóvenes (OCDE, 2013) prefieren viajar, estudiar y vivir experiencias, que asentarse, tener hijos y formar familias tradicionales. Además, señala la OCDE, que en Colombia la probabilidad de embarazo juvenil es inversamente proporcional al nivel de riqueza: lo cual es un problema para quienes vivimos de las matrículas y las pensiones.

La oferta supera a la demanda. La deducción obvia es que contamos con más colegios y menos estudiantes. Sin embargo, esta aseveración depende del sector (oficial y no oficial); los colegios oficia-les incrementaron la matrícula así: 63% en pre-escolar, 71% en básica y 41% en media (Fedesarrollo, 2014); lo que antagónicamente supuso una contracción de -16% en la matrícula de quienes trabajamos en el sector privado. Dato que además debemos leer desde la proporción: los privados atendemos el 18,3% (DANE, 2013) de la tasa neta de matrícula.

Los colegios que perduremos en el siglo XXI debemos enfrentar un cambio en la cobertura. No se trata solo de estimar cuántos estudiantes podemos albergar en el edificio, consiste en establecer el comportamiento poblacional, cómo están distribuidos, dónde están asentados y qué potencial de usuarios hay.

Cada día mejora la calidad de los colegios oficiales. Los sistemas de medición estatal muestran que los colegios públicos tienden a incrementar los resultados en el Índice Sintético de Calidad (MEN, 2016). Más allá de las discusiones filosóficas sobre las mediciones, en el imaginario social los resultados se han convertido en un criterio para elegir colegio.

Aunque los privados vamos adelante, la diferencia no es insuperable. En promedio los diez mejores colegios del sector privado obtuvieron 9,61 puntos en las pruebas Saber primaria, frente al 88,6 de los oficiales: 7,61 puntos de ventaja (Dinero, 2016; con base en MEN). Hay distancia, pero no es un abismo; incluso Cebolla, Radl y Salazar (2014) concluyeron en un estudio con base en las pruebas Pisa que la diferencia entre colegios privados y públicos está en la vinculación familiar y las experiencias culturales, no en los proyectos educativos.

Las familias nos eligen atendiendo criterios complejos. Según Londoño (2008), en los estratos socioeconómicos más bajos y con menor formación, nos escogen atendiendo la distancia hasta la casa, el costo y la presencia de hermanos. A medida que el estrato aumenta y las familias tienen educación profesional, la tradición familiar, el proyecto educativo y el costo son los criterios más importantes. En los niveles socioeconómicos más altos, el prestigio, el proyecto educativo y la comunidad escolar son la base de la decisión.

Atrás quedaron las épocas donde la mayoría de nuestras familias eran menos instruidas que los maestros, incluso a veces pasa lo contrario. Las familias del siglo XXI toman decisiones más elaboradas cuando nos escogen, así que debemos comprender desde dónde lo hacen para persuadir esa decisión.

Los cambios sociales, culturales, ambientales y políticos. Y aunque el propósito de este artículo no es profundizar en esos riesgos, es imposible hablar de desafíos sin nombrar los cambios en la dinámica de la mundialización (Morin, 1997), la preocupación por el desarrollo sostenible (ONU, 2016), la inmanencia de la tecnología en los sistemas educativos (UNESCO, 2012), el influjo de los sistemas pro-ductivos en el currículo (Barriga, 2015), los sistemas de evaluación masiva y miles de situaciones más.

No pretendo sonar mesiánico y menos incubar miedo para darle fuerza a mis argumentos. Intento mostrar la realidad escolar del siglo XXI a la que nos enfrentamos en los colegios privados. No son predicciones apocalípticas, son riesgos que debemos conocer y gestionar.

Factores clave para gestionar el riesgo y perdurar

Entre tantos aspectos que debemos atender, existen cuatro factores fundamentales para gestionar el riesgo y asegurar la sostenibilidad: cobertura, calidad, efectividad y bienestar (ver Gráfica 2).

Quizás algunos parezcan obvios, pero los invito a que exploremos una lectura diferente de ellos: leerlos como riesgos internos y externos que disminuyen la capacidad de perdurar.

Cobertura. La cobertura está relacionada con la tasa neta de matrícula del establecimiento educativo. En antaño los estudiantes llegaban naturalmente a nuestros colegios e incluso nos podíamos dar el lujo de elegirlos. Pero en el siglo XXI la cobertura se comporta diferente (ver Tabla 1), a saber:

Calidad. El concepto calidad en educación genera resquemores. Así que aquí vamos a definirla como la capacidad del proyecto educativo para promover y apoyar el aprendizaje de los estudiantes y ampliar sus posibilidades para alcanzar un proyecto de vida satisfactorio y sostenible, en sintonía con la comunidad y el ecosistema. En términos del análisis de los factores de riesgo es importante explorar (ver Tabla 2):

Bienestar. Un colegio privado es parte de un sistema social abierto e interconectado con el ecosistema humano y ambiental próximo. En el siglo XXI es determinante analizar si las condiciones psicosociales de nuestros estudiantes, la comunidad e incluso la proyección de nuestro colegio hacia la comunidad y el entorno aumenta la capacidad de perdurar. Por esto es importante analizar (ver Tabla 3):

Efectividad. El siglo XXI nos coacciona para que migremos desde el concepto de institución social al de orga-nización social sostenible. Los colegios privados que contemos con la capacidad de analizar las condiciones habilitantes y la eficiencia en el manejo de los recursos podremos gestionar los riesgos internos y agregar años a nuestra supervivencia natural (ver Tabla 4). Los factores identificados son los siguientes:

Resumen

Los colegios privados que perduren en el siglo XXI serán aquellos que logremos asumir nuestro proyecto educativo como la promesa de valor que declaramos y cumplimos de cara a nuestra comunidad y la sociedad. Ningún factor es más importante que el otro (ver Gráfica 3), debemos gestionarlos de forma interdependiente para asegurar la sostenibilidad. Tenemos que migrar de ser colegios centrados exclusivamente en la oferta, a organizaciones inteligentes que comprendemos la demanda, el contexto y los factores conexos.

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