Edición 21Opinión

Análisis de la relación de los refuerzos y castigos con la mejora de la disciplina escolar:

una aproximación para su adecuada comprensión

En este artículo escrito porKatherine Barreto, Psicóloga de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria, se reflexiona sobre la tarea del docente para educar a sus alumnos como buenas personas, como ciudadanos responsables y como líderes para el futuro.
El proceso de formación docente, se ha transformado, pasando de ocuparse no solo de funciones de aprendizaje disciplinar (lo que corresponde a las materias, asignaturas, áreas o disciplinas del saber) para ocuparse también de elementos enfocados en la formación humana y personal del estudiante, siendo este cada vez un aspecto más importante que el disciplinar.

El proceso de formación docente, por lo menos en la educación básica y media, se ha ocupado de funciones que trascienden el aprendizaje disciplinar (lo que corresponde a las materias, asignaturas, áreas o disciplinas del saber) para ocuparse también de elementos enfocados en la formación humana y personal del estudiante, siendo este cada vez más un aspecto más importante que el disciplinar, para los maestros, además de instruir o de enseñar unos contenidos. Desde siempre, la escuela ha ocupado un puesto importante en la formación humana de los sujetos y por supuesto es el maestro quien lidera esta acción.

Seguramente, hoy en día esta es la labor más difícil que un maestro pueda implementar, tampoco fue necesariamente aprendido en la formación universitaria de los docentes, sino más bien está relacionada con una condición especial en toda profesión, la que se denomina vocación docente, la que está directamente emparentada con el deseo de enseñar para la vida, de educar buenos ciudadanos, de formar buenos seres humanos, que no solamente poseen amplios conocimientos, sino que se construyen en el ámbito escolar como personas, con principios y valores que les permitirá vivir en sociedad, mejorarla y hacerla un mejor lugar para todos. No se debe olvidar que para enseñar e instruir en contenidos o en aspectos disciplinares, ya casi no se requiere de un docente, pues claramente los dispositivos electrónicos inteligentes, lo pueden hacer, y en muchas ocasiones, mejor que un ser humano pues pueden almacenar infinitos datos, infinitas aplicaciones de los mismos y excelentes relaciones y conexiones entre esos contenidos, que de pronto la mente humana, no alcanzaría a realizar. Pero lo que definitivamente no pueden hacer los mencionados dispositivos es emprender procesos formativos de los estudiantes como auténticos y valiosos seres humanos y excelentes ciudadanos.

En este arduo camino, el docente siempre se pregunta al igual que un padre, cuál es el mejor camino para educar a los niños como buenos seres humanos, de qué manera hacer que los niños y jóvenes, aprendan y se formen como buenas personas. En este interés, los maestros crean múltiples estrategias para captar la atención del estudiante, pero sobre todo, para captar su atención y enfocarlos en los procesos formativos que ellos quieren implementar para contribuir a educarlos como buenas personas, como ciudadanos responsables y como líderes para el futuro. Pero en este camino, siempre, siempre hay barreras, especialmente con aquellos estudiantes a los que parece ser “más difícil” formar, educar. Parecen no escuchar, ser indiferentes a la formación, rebeldes o desinteresados. Y las preguntas del maestro son, ¿qué hago?, ¿cómo hacer para llegar a su interior y que aprendan o cambien su actitud?

Y en esta tarea, los docentes suelen recurrir a una serie de estrategias que generalmente se derivan de la propia experiencia como hijos y como estudiantes. Generalmente muchos hemos sido educados con estilos de formación basados en el castigo, en la restricción y en el reforzamiento de la heteronomía. Lo grave es que casi siempre, el docente en su afán de formar a sus estudiantes, termina por replicar los patrones de educación o de formación en los que creció, más que en las teorías y en las estrategias didácticas en las que fue educado como futuro profesor. Sin embargo, amplios estudios han demostrado que hoy por hoy, cada vez estos estereotipos de formación funcionan menos, son menos efectivos, y cada vez logran menos resultados.

Ahora bien, los maestros evidencian que inicialmente esa estrategia –la de replicar los patrones de educación que recibieron de padres y maestros cuando se estaba en proceso formativo- pueden funcionar, pero los estudios realizados, son claros en demostrar que ningún patrón de formación asentado en el reforzamiento de la heteronomía por medio del castigo o de la imposición de comportamientos, que son considerados como valiosos por los adultos, generalmente no están conectados con el comportamiento o la conducta que se quiere modificar. En este sentido, estrategias como “llamar la atención”, “regañar”, “hacer anotaciones en algún texto o documento del colegio”, “enviar notas a su familia”, “citar a sus padres”, e incluso, “tener diálogos amables con los estudiantes”, no funcionan, no sirven para cambiar a los estudiantes o para hacer que ellos se comporten de manera diferente a largo plazo. Generalmente, todo esto hace parte del repertorio conductual del docente o de las mal llamadas estrategias formativas o sanciones formativas para los casos de faltas al buen comportamiento que se espera de un estudiante en el colegio.

Si bien todo lo anterior no tiene la funcionalidad que se desea, es decir, que los estudiantes se formen y tengan comportamientos sociales adecuados a largo plazo, entonces caben las preguntas: ¿Qué hacer? ¿Cómo proceder? ¿Cómo lograr que los estudiantes efectivamente se formen como personas, aprendan buenos patrones de actuación, sean respetuosos, asuman las consecuencias de sus acciones y cada día maduren más como seres humanos?

Para responder a ello es necesario dar los siguientes pasos: inicialmente es preciso hacer una conceptualización básica, la que sin entrar en grandes conceptualizaciones o discusiones académicas, permita una adecuada comprensión de la estrategia que se quiere proponer en este documento. El concepto de castigo como el quitar a las personas lo que les gusta, o el tener que hacer algo que no les gusta, genera, por qué no decirlo, “temor”. Ahora bien, también es preciso aclarar brevemente otro concepto: el de refuerzo. Por él se puede entender, dar a las personas cosas que a ellas les gustan, cuando se portan como esperamos.

A pesar de saber que muchos maestros tienen serias objeciones con el conductismo por toda su derivación a la tecnología educativa, estos conceptos nacen en esta corriente psicológica y lo que es más grave, han sido utilizados por muchos años, aún por aquellos maestros que al menos conceptualmente, se piensan a sí mismos, sustentados en otras corrientes psicológicas como el constructivismo, la enseñanza para la comprensión, la pedagogía crítica, etc.

Ahora bien, mi intención en este breve texto es mostrarles a los docentes que asumiendo el sentido auténtico de estos conceptos que provienen del conductismo, haciendo un uso adecuado, sirvan para lograr aquello que los docentes buscan: que los estudiantes cambien, que se porten mejor o bien. No se debe olvidar que de todas maneras, independientemente de la crítica que ha tenido en la educación el conductismo, la ciencia y los investigadores del comportamiento humano, han determinado que el conductismo sí tiene mucho que aportar en los procesos de formación de los estudiantes, sin que ello signifique que haya otros enfoques o teorías que también pueden funcionar adecuadamente.

Pues bien, empezaré por afirmar que la ciencia también ha demostrado que los cambios de comportamiento que se mantienen en el tiempo, se logran haciendo uso del refuerzo más que del castigo. Pero lo más importante de todo esto, es comprender cuál es la consecuencia o la contingencia que se recibe, cuando una persona hace algo que no es adecuado, condición o situación que efectivamente no se ha tenido en cuenta a la hora de “reforzar o castigar” o más bien de realizar múltiples acciones en las que se busca que los estudiantes cambien, por ejemplo, citar a los padres o enviar notas a casa.

Haré el ejercicio de poner esto en un lenguaje no técnico, más familiar, que permita hacer uso de él. Por ejemplo, en el caso de las familias, los padres “castigan” a sus hijos: No hiciste la tarea, entrégame el celular, o no sales hoy con tus amigos. Veamos la cadena o la secuencia de situaciones hasta llegar a esta afirmación: el niño hoy no trae al colegio la tarea, el profesor le pone una valoración baja o negativa y le envía una nota para que esta sea firmada por los padres, de tal manera que ellos –los padres de familia- sepan lo que pasó y hagan algo, que generalmente es “un castigo”. En efecto, la nota llega a la casa y allí el padre de familia firma la nota, y le dice al hijo que será “castigado”, que no podrá ver su programa favorito en la televisión por una semana. Otro caso: el niño empuja a un compañero con la intención de maltratarlo, el profesor llama la atención del niño que ha empujado a su compañero y le hace saber lo mal que estuvo, pero además, que citará a sus padres por ese comportamiento. El padre de familia asiste a la cita en el colegio -aunque hay algunos padres que tienen dificultad para creer que su hijo empujó a otro-, se informan de lo sucedido y lo presentado o explicado por el profesor o directivo del colegio sobre su hijo, por ello al llegar a casa, “castigan” al hijo, por ejemplo, quitándole el Ipad, por su mal comportamiento.

¿Cuál es el sentido que cada uno pone en el castigo? ¿Qué relación tiene empujar a un compañero con quitarle el Ipad? ¿Qué relación tiene, empujar a un compañero con citar a los padres? La respuesta lógica y coherente sería ninguna. Padres y maestros esperan que el niño cambie y se comporte diferente, por ejemplo, que cuando sienta rabia o esté molesto con un compañero, lo diga sin tener que empujarlo, o que tenga relaciones más cálidas con sus compañeros; o el padre de familia busca que el niño sepa que está bravo con él y el profesor, que el padre de familia sepa lo ocurrido. Si la intención es la primera, es decir que el niño cambie su actitud y muestre sus emociones sin agredir a los demás, pero además que tenga mejores relaciones con sus compañeros, es muy probable que quitarle el Ipad no sirva para nada, así como citar a sus padres tampoco. Si la intención es la segunda, es decir, que el niño sepa que su papá está molesto y en el caso del profesor, que el papá sepa lo ocurrido, entonces quizá la estrategia sí funcionaría o sea, quitarle el Ipad y citar a los padres.

Esto que se está analizando y se puede ver en la anterior situación tiene un sentido claro: primero, pensar en el objetivo, ¿qué se espera que pase con el estudiante? Una vez que el docente o el padre de familia se responda esto, entonces sí piense qué estrategias que impliquen consecuencias lógicas y coherentes con su objetivo puede emplear. Si espero que el estudiante aprenda algo particular, como en este caso, que exprese sus emociones sin agredir a los demás, pues tendré que enseñárselo, hacerle saber cómo se hace esto y seguramente la consecuencia que se le imponga por un comportamiento inadecuado en este sentido, debe estar ligada a la reparación por el daño causado a un compañero a quien se agredió o empujó. Si yo golpeo a alguien, me haré responsable de lo que pase, desde pedir disculpas, hasta asumir llevar al compañero a la enfermería, e incluso, hablar con los padres de él y con los propios para relatar lo ocurrido. Según lo sucedido y la gravedad de la consecuencia del golpe o empujón que haya dado, también aplicará enseñarle a expresar su rabia o disgusto de otra manera, y finalmente, una vez el niño comprenda qué debe hacer cuando sienta rabia y él lo ponga en práctica, entonces sí hágale saber que lo hizo bien, “refuércelo”, término en el que haré énfasis más adelante.

Entre más pequeños en edad sean los estudiantes, mucho más fácil será que esto tenga el efecto esperado; en la medida en que los niños crecen, se hace más difícil, porque habrá en su vida, otras variables que influyan en sus respuestas. ¿Por qué un adolescente puede persistir en comportarse de forma agresiva, a pesar de que un profesor haya hecho lo anterior? Porque seguramente para él es más importante o más “reforzante”, lo que piensen sus amigos, que aquello que piense su profesor. Así que allí habrá que hacer un análisis más juicioso de la situación, además de hacer un mejor uso del “refuerzo”.

Tenga en cuenta que todo lo que habitualmente los adultos piensan que es un “premio” o un “refuerzo” no lo es para todas las personas, es decir, quizá para usted unos chocolates le gusten y le parezcan deliciosos, pero eso no quiere decir que para los demás, sea igual, por esto es importante conocer muy bien a sus estudiantes. Sepa de su historia, de su vida, de su crianza, de lo que le gusta y de lo que no. Sea más profundo que saber que le gusta un deporte, intente conocerlo, por ejemplo, qué es importante para él, para los amigos o para su familia y conozca la razón. También observe muy bien lo que pasa en el salón de clases o en el colegio. Todo puede ser una fuente de conocimiento de su estudiante. Comparta con él, háblele, dedique tiempo para su juego y hágale saber que él es importante para usted. Sobre todo, ámelo, quiéralo, muestre lo importante que él es para usted y quiéralo de verdad.

Casi siempre los estudiantes más difíciles están pidiendo a gritos más atención y resulta que cuando un docente lo regaña, le manda notas, hace que lo conozca hasta el rector, lo único que puede estar haciendo es reforzando que se comporte mal puesto que esa es la manera como él –el estudiante- se siente reconocido y tenido en cuenta, y por ello, es probable que él no cambie su comportamiento pues está logrando que sea tenido en cuenta. Imagínese cuando se “porta mal” consigue lo que en el fondo quiere, ser reconocido y usted sin querer se lo está proporcionando.

¿Cómo hacer entonces, para que este estudiante que tiene comportamientos indisciplinados, algo rebeldes o maleducados pueda cambiar? Pues bien. Una vez que hemos comprendido los conceptos básicos de este lenguaje: refuerzo y castigo se puede hacer lo siguiente. Es necesario aplicar refuerzos como estrategias para generar esos cambios. Recuerde, que entre más joven es el niño, resultará más fácil por que como es lógico, serán pocas las variables que influyan en él, y entre más grande sea, será más difícil porque habrá muchas más variables que lo determinen a él.

Lo primero que debemos asegurar siempre es que el estudiante sepa hacer lo que esperamos que él haga. Si queremos que salude y no sabe, tendremos que enseñarle. Muchas veces damos por hecho que ellos saben cómo comportarse, pero no es así. Segundo, sepa con la mayor exactitud, qué puede ser reforzante para este estudiante, desde lo material y tangible, hasta lo más abstracto. Entendiendo que es más efectivo el refuerzo social, que el material. Por ejemplo puede ser más significativo un abrazo que un objeto. Tercero, cuando note que el estudiante hace lo que usted espera, hágaselo saber con una felicitación o con aquello que descubrió que es importante para él, su atención a la más pequeña muestra de cambio es importante y debe ser reforzada. Cuarto, cuando el estudiante haga lo que usted espera que no haga, no le preste atención. Haga de cuenta que no lo notó. Esto parece sencillo, y sí lo es, pero también se debe tener criterio para hacerlo. Seguramente algunas cosas podrá ignorar, otras no, y cuando esto último ocurra, empiece el ciclo, enseñe, haga que repare y refuerce el cambio.

Además de todo lo anterior, tenga en cuenta otros aspectos como la edad, pues como ya se ha dicho, es más fácil con los pequeños, porque para ellos, su profesor es tan importante como sus padres, pero no ocurre lo mismo con los adolescentes, razón por la cual también será importante involucrar a otros profesores y a sus amigos en este trabajo, de tal manera que todos hablen el mismo idioma y todos hagan lo mismo que usted propone o busca. Diseñe un plan y sígalo. Evalúe lo que ha planeado y verá que pronto empezará a tener resultados efectivos.

Seguramente los niños y los jóvenes lo que necesitan es más comprensión y coherencia, esto no significa que se permita que sean ellos quienes decidan siempre qué hacer, todo lo contrario. Ellos responden muy bien a la exigencia con amor.

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Katherine Barreto Montero

Psicóloga de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria, especialista en Evaluación e Intervención de Trastornos Afectivos y del Estado del Ánimo y magíster en Psicología Clínica

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