Edición 4Editorial

Sobre la educación en valores y la convivencia

AAcertamos cuando dedicamos la cuarta edición de Ruta Maestra al tema de la Educación en valores y la convivencia, pues hemos recibido respuestas muy positivas y alentadoras de quienes por su formación y experiencia, han dedicado buena parte del ejercicio profesional a reflexionar en torno a la temática y a proponer alternativas tendientes a hacer realidad este propósito, tan necesario para las propuestas formativas que las instituciones educativas desarrollan en Colombia.

No es casualidad encontrar variedad de propuestas que promueven la idea de pasar del discurso a las acciones, desarrollando actitudes y comportamientos propositivos y creativos ante el conflicto, dejando de lado las reacciones momentáneas y viscerales que, en ocasiones, solo conducen al deterioro de las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa.

Habría que decir también qué otras propuestas asumen la educación en valores y la convivencia como una prioridad que puede ser considerada de orden nacional, dada la complejidad del conflicto que vivimos no solo en el orden local o regional sino, de manera particular, en cada uno de los colegios y escuelas. En estos últimos, fenómenos como la violencia física y verbal, el acoso escolar (Bullying), el Cyberbullying, el hostigamiento y la discriminación se constituyen en manifestaciones evidentes de una situación que es necesario abordar, conocer e investigar con el fin de lograr que la escuela se convierta en un espacio en el cual todos los miembros de la comunidad educativa sean tenidos en cuenta y actúen de manera efectiva como gestores de la convivencia escolar.

Dentro de este marco ha de considerarse la pregunta por la forma como las instituciones educativas hacen real el propósito de la educación en valores y la convivencia. Bastará mencionar lo consignado en la Ley 1620 del 15 de marzo de 2013 “por la cual se crea el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el ejercicio de los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar”; ley que, si bien es cierto ha recibido críticas por parte de algunos académicos, constituye el marco dentro del cual las experiencias en el aula, las propuestas de resolución de conflictos y la misma formación en y para la ciudadanía encuentran un espacio donde desarrollarse, atendiendo a los programas que la misma ley exige para que sean implementados en las instituciones.

 

 

Esta rápida presentación que hemos llevado a cabo, teniendo en cuenta algunos de los elementos expuestos por los autores en sus artículos, no nos permite dejar de lado un aspecto que es esencial e indispensable y que podría condensarse en esta frase: La educación de los hijos es obligación de los padres y las madres de familia”. Sí, ya que esta obligación no es endosable, no puede ser asumida por las instituciones educativas. Se trata de un compromiso que inicia en casa con la determinación de valores y principios que permiten la convivencia pacífica entre los miembros de la familia. Quizá esta sea la primera y primordial tarea cuando se habla de la educación en valores y la convivencia, tarea para la cual la mayoría de padres y madres de familia no estamos preparados y que nos demanda contar con elementos de formación que nos ayuden a hacer viable tan loable propósito.

Seguramente lo expuesto por los autores en este número de Ruta maestra, nos permitirá descubrir, a padres y maestros, algunas luces que iluminen el camino y la tarea que todos juntos hemos emprendido: la educación en valores y la convivencia.

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